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Industria, tecnología e inversiones: La visión de la UIA sobre el acuerdo Mercosur–UE

El presidente de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini, destacó el valor geopolítico, productivo y tecnológico del entendimiento con Europa, aunque advirtió que su impacto dependerá de la capacidad del país para mejorar competitividad y adaptarse a estándares exigentes.

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12 ene, 2026 11:08 a. m. Actualizado: 12 ene, 2026 11:08 a. m. AR
Industria, tecnología e inversiones: La visión de la UIA sobre el acuerdo Mercosur–UE

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea es interpretado por la Unión Industrial Argentina (UIA) como un paso de alcance estratégico que excede el intercambio comercial. Desde la entidad fabril señalan que el entendimiento debe analizarse en el contexto de un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas, cambios en las cadenas de valor y una competencia creciente entre bloques económicos, donde la previsibilidad y las reglas claras adquieren un rol central para el desarrollo productivo.


En esa línea, el titular de la UIA, Martín Rappallini, sostuvo que el acuerdo “debe leerse en una clave más amplia que la estrictamente comercial” y afirmó que representa “una oportunidad estratégica para fortalecer la relación de la Argentina con el mundo productivo, creando un marco favorable para inversiones, incorporación de tecnología y expansión comercial en condiciones previsibles”.


Para el sector industrial, Europa aparece como un socio prioritario. Rappallini remarcó que la Unión Europea concentra “más de 700 millones de habitantes y cerca del 20% del producto mundial, con un alto nivel de ingreso y estándares productivos exigentes”, además de ser “uno de los principales socios comerciales e inversores del país”, con presencia significativa de empresas europeas en ramas como la industria, la energía, los servicios y la infraestructura.


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Desde una perspectiva geoeconómica, el acuerdo abre la posibilidad de recomponer un eje de integración entre Europa y Sudamérica. Según el presidente de la UIA, este tipo de asociaciones adquiere un valor adicional en un mundo cada vez más fragmentado, ya que permite avanzar en esquemas basados en “reglas claras, previsibilidad y complementariedad productiva”, aspectos considerados clave para países que buscan crecer a partir de la producción y las exportaciones.


Uno de los puntos centrales señalados por Rappallini es el impacto potencial sobre la industria argentina. En ese sentido, explicó que Europa enfrenta una necesidad estructural de asegurar energía, materias primas y minerales críticos en el marco de la transición energética y la reorganización de las cadenas globales de suministro. “Ahí se abre una oportunidad concreta para la Argentina”, afirmó.


El dirigente industrial mencionó específicamente al gas, la energía, el litio, el cobre y otros minerales como posibles ejes de una relación productiva más profunda. No obstante, subrayó que el desafío principal es avanzar en su transformación local: “Proyectos de gas natural licuado, petroquímica, polímeros, metalurgia básica o procesamiento de minerales en origen pueden desarrollarse combinando recursos argentinos con tecnología, financiamiento y know-how europeo”.


Condiciones para la expansión


Otro aspecto destacado es la posibilidad de reactivar el financiamiento europeo para la inversión productiva. Rappallini recordó que durante años la industria argentina perdió acceso a líneas de crédito de largo plazo de bancos europeos y agencias de crédito a la exportación, fundamentales para modernizar plantas y sumar tecnología. En este sentido, señaló que el acuerdo “crea un marco que puede permitir restablecer esos vínculos y facilitar la compra de bienes de capital en condiciones acordes a proyectos industriales”.


La transferencia tecnológica ocupa también un lugar central en la visión de la UIA. Europa es líder en maquinaria, automatización, eficiencia energética e industria 4.0, y para Rappallini la integración no implica solo importar equipos. “Significa mejorar procesos, elevar estándares productivos y reducir brechas de competitividad”, explicó, al tiempo que incluyó dentro de ese concepto la transferencia de procesos, ingeniería, gestión y estándares de calidad.


La asociatividad empresarial es otro de los ejes mencionados. Según el titular de la UIA, las empresas europeas cuentan con una larga tradición de joint ventures (empresas conjuntas) y redes de proveedores, y el acuerdo puede facilitar estos vínculos. En ese sentido, remarcó que se abren oportunidades para que empresas argentinas, en especial pymes, se integren a cadenas globales de valor y accedan a mercados más amplios.


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El acuerdo, sin embargo, también plantea exigencias. Rappallini advirtió que la Unión Europea impone estándares crecientes en materia ambiental, técnica y sanitaria, como trazabilidad, certificaciones de origen y requisitos de sostenibilidad. “Adaptarse a estos estándares será condición indispensable para acceder y sostenerse en ese mercado”, señaló, en particular para las economías regionales y las exportaciones de mayor valor agregado.


En síntesis, desde la UIA consideran que el Acuerdo Mercosur–Unión Europea ofrece una oportunidad relevante para la industria argentina, aunque su aprovechamiento no será automático. “Dependerá de la capacidad del país para acompañarlo con políticas que fortalezcan la competitividad: calidad institucional, financiamiento productivo, infraestructura, energía, educación técnica e incorporación de tecnología”, afirmó Rappallini. Según su visión, si esa agenda logra avanzar, la integración con Europa puede transformarse en una palanca clave para una industria más moderna, integrada al mundo y con capacidad de crecimiento sostenido.

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